Monday, December 31, 2018

Adicción coreana


Se le quiebra la voz y se le caen las lágrimas cuando recuerda el silencio sepulcral que marcó el fin del concierto de BTS al que asistió en Chile. Esperó meses por él, tres de ellos para comprar las entradas, se asoleó, ahorró. Y todo fue tan fugaz. Lorena Escóbar (20), de Cochabamba, fue solo una de las demolidas fans que formaron un mar de llanto en el Movistar Arena en Santiago.

Patricia Muñoz, madre de Ana Paula Chávez (16), quedó con la boca abierta de ver la devoción adolescente: “Ni siquiera había empezado el concierto y se desmayaban de la emoción, pero se perdieron el show”, dice al recordar cuando acompañó a su hija, como regalo de 15 años.

BTS es el grupo rey del género musical que empezó en los 90 y que se ha traducido en una millonaria industria apoyada por el gobierno de Corea del Sur, que también recibe su parte. Melodías pop con letras coreanas y en inglés, generalmente con mensajes positivos, no solo generan millones de emociones, también de dólares.

Un fenómeno

Según una nota publicada por la agencia AFP, solo el grupo BTS genera cada año más de 3.600 millones de dólares para su país, resultado equivalente al de 26 medianas empresas surcoreanas. BTS fue el primer elenco de K-pop en llegar al número 1 de la lista Billboard, y además en tener cabida en la revista de los poderosos de turno, Times.

Unos 800.000 turistas eligieron como destino Corea del Sur el año pasado gracias a BTS, lo que representa más del 7% del número total de visitantes.

Las exportaciones asociadas, ya sean de ropa, cosméticos o productos alimenticios, pesaron más de 1.000 millones de dólares.

Es que el K-pop no es solo música, tiene un montón de ramificaciones más, como los suvenires, las membrecías renovables, películas, etc. Precisamente, este 26 de enero se llevará a cabo el estreno mundial de Love yourself, filme inspirado en BTS, uno de los muchos grupos de K-pop, pero que actualmente arrasa.

Patricia recuerda que en su ida a Chile, su hija le pedía unos abanicos con la cara de los artistas. Cada uno costaba 10 dólares (los integrantes eran siete), a eso se suman gorras de 50 dólares, membresías de Bs 1.000 al año. Costo aparte para la economía adolescente.

María Fernanda Alcócer (17), del Club de fans Armys Santa Cruz, vende chocolates, deja de desayunar, todo para pagar su membrecía anual de Bs 1.000, la misma que le da privilegios a la hora de comprar entradas que se agotan en minutos, y además le permiten subir de nivel para chatear con sus cantantes favoritos, pero en coreano, por eso aún no ha sacado el jugo al fruto de sus esfuerzos.

Nada de cultura urbana

Especialmente en Bolivia, no parecen muchos, pero a nivel mundial, los seguidores del K-pop son contribuyentes de toda una economía. Es tal el grado de fidelización lograda por los grupos, que por muy caros que sean los artículos asociados, los fans se esfuerzan por comprar originales en tiendas virtuales. “Cada vez que hacen un tour crean mercancía de edición limitada que no se encuentra después. Nosotros sabemos que cuando compramos cosas originales, es como si compráramos la esencia de esos músicos , ellos lo que buscan no es el reconocimiento del mundo, sino que la gente que los sigue esté feliz”, cree Lorena Escóbar.

Cuando se les pregunta ¿cómo se puede querer a alguien que no se conoce? Las ‘teens’ tienen una respuesta lista: “Ellos transmiten felicidad, siempre nos muestran su lado más bonito, hacen canciones para nosotras”, dice Ana Paula Chávez, que incluso buscó un intercambio a Corea del Sur para conocer la tierra de sus ídolos, pero chocó con el muro materno.

Catalina Morales (17) fan de Chile, cree que hay muchas razones para admirar a estos músicos. “El K-pop es como un estilo de vida, llevo cinco años en él y me ha ayudado emocionalmente. Tuve mucho estrés por varias razones y andaba súper sensible, el K-pop me ayudaba a olvidar lo que me pasaba, las letras de las canciones me daban más fuerzas para seguir estudiando y cumplir mis objetivos. Ellos hablan de muchos temas, yo escucho más los que hablan de liberarse y arriesgar”, sostiene. La mamá de Catalina la apoya a muerte, aunque su padre no tanto. “He ido a dos conciertos, ahora voy por el tercero y eso sí que me ha salido caro porque no soy de Santiago centro”, reconoce. Para ella, es admirable la unidad de grupo y el esfuerzo de chicos que apenas pasan los 20 años.

El lado oscuro

Pero no todo es una taza de leche en este negocio, como buenos herederos de la cultura asiática, los aspirantes al reinado del K-pop tienen que sobrevivir a una intensa disciplina y ritmo de formación que los obliga a abandonar cualquier pretensión de vida personal.

En 2017, el ídolo del K-pop, Kim Jong-hyun, del grupo SHINee, con solo 27 años se suicidó y con ello abrió el debate sobre la depresión que ataca a su generación en su país. Dejó un mensaje en una carta: “Estoy roto por dentro. La tristeza que me ha estado devorando lentamente, finalmente me ha tragado entero. No he podido superarlo”, dijo el líder de la banda surcoreana.

Los mismos chicos que dan mensajes positivos a sus seguidores no logran superar su propia tristeza. Cuando se les toca el tema a las fans, algunas creen que tiene mucho que ver con la cultura surcoreana. “Corea del Sur es un país muy duro y perfeccionista, disciplinado, uno puede ver que hay mucha competencia; el K-pop es una entrada económica muy fuerte, eso exige más, los preparan desde pequeños, uno se pregunta por qué soportan tanto, pero es su cultura, les enseñan que hagan bien las cosas o que no las hagan, por eso sus temas siempre llevan un mensaje muy fuerte, el último es ámate a ti mismo, opina Lorena Escóbar.

Los antecedentes

Si bien la tendencia empezó en 1990, la fiebre se elevó con el éxito de PSY, Gangnam style (2012). Desde entonces, la popularidad de esta música y sus intérpretes ha ido creciendo en todo el planeta.

Según algunos portales, las autoridades surcoreanas han visto claro que pueden explotar una industria cultural que abarca cine, música, series, gastronomía, etc., dentro de un concepto llamado hallyu (ola coreana), que se propagó a todo el mundo, pero con mayor fuerza a Japón, Estados Unidos, España, y en sudamérica a Brasil, Chile y Perú. aunque en menor escala, Bolivia no se salva de la explosión febril. Según The Economist, el gobierno subvencionó la industria del pop coreano en 2005, aportando 1.000 millones de dólares.

El gobierno de Corea del Sur ha reconocido los beneficios para el sector exportador del país como resultado de la ‘ola coreana’.

Las iniciativas del gobierno para expandir la popularidad del K-pop se llevan a cabo principalmente por el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo, que es responsable de la creación de los centros mundiales de la cultura coreana. Embajadas y consulados de Corea del Sur también organizan conciertos de K-pop en el extranjero, y el Ministerio de Asuntos Exteriores invita regularmente a los aficionados extranjeros del K-pop para participar en el Festival Mundial de K-Pop en el país.

Es tal la devoción, que adolescentes en toda la orbe cantan en coreano sin conocer el idioma, y repiten un glosario que ya viene patentado desde la lejanía asiática. Por ejemplo, chocolate abs equivale a los abdominales bien definidos de un artista K-pop; fanchant es un término usado en un concierto, refleja los cantos del público del nombre del grupo, un integrante o una canción.

Para las admiradoras, lo positivo de los mensajes las retiene y las hace elegir el K-pop por encima de cualquier tentación reguetonera, por muy masiva que parezca. “La mayoría de las letras del reguetón insultan, sobre todo a las mujeres, y los chicos que las cantan ni siquiera prestan atención al significado. A nosotros nos gusta el K-pop por sus letras profundas y las fanáticas son tan increíbles que pueden memorizarse una canción completa en coreano”, dice María Fernanda Alcócer. Por eso, ni bien sale un nuevo tema, están con el cronómetro esperando la media hora de rigor para que se publique la traducción. Es una religión.

Sunday, December 30, 2018

Leones chinos despiertan y bailan en La Paz



Un tambor comienza a escucharse y el sonido de platillos acompaña el ritmo enérgico que se produce. El león morado que descansaba en el piso mueve sus párpados, orejas y cabeza. Despierta. Se levanta y sus primeros movimientos lo llevan al altar donde está Buda, sonriendo ante el salón, allí hace una pequeña reverencia.

Otro personaje, que viste enteramente de rojo, llama la atención del león con una esfera sólida rodeada de círculos —de los que cuelgan cintas— similar a un átomo. Mostrándole esta “perla” y moviéndola, el “Buda alegre” motiva a que el león continúe con su danza, a medida que la música sigue, el felino toma más energía y comienza a hacer acrobacias. Rodar, saltar, pararse en dos patas. Poco después el baile culmina y vuelve a descansar.

Los tres bailarines que interpretaron la pequeña coreografía se quitan exhaustos máscaras y trajes. Dos interpretan al león y un tercero, a su guía. Todos son experimentados practicantes de kung fu de la escuela El dragón dorado del sur (Av. Hernando Siles, esq. 4 de Obrajes).

El león y su rutina están marcados por diferentes corrientes espirituales que son parte de la cultura china. En Año Nuevo las escuelas de kung fu interpretan la danza para atraer la buena suerte y equilibrar las energías. “Allá en China el budismo o el taoísmo no son una religión como tal, sino una suerte de códigos de ética; maneras en las que uno se comporta. Y esta danza tiene mucho que ver con la espiritualidad, no es solo folklore”, explica Fernando Huanacuni, (excanciller de Bolivia), quien pasó varios años entrenando en un templo shaolin y ahora es líder de esta escuela.

Cuando una familia está por mudarse a su nueva casa o un empresario abre una nueva tienda pide que el león entre primero, esto porque es capaz de “espantar las cosas guardadas que moran en las esquinas”. Después, el lugar donde se ha bailado es propicio para atraer buena fortuna a quienes lo habitan.

El felino —y su danza— suele inaugurar diferentes eventos, mientras que el dragón los culmina, porque el primero está relacionado con lo terrenal, y la bestia imaginaria interactúa con el mundo celestial. Conforman, así, una de las dualidades más importantes de la cosmovisión de la nación asiática.

Los danzarines son siempre experimentados artistas marciales y Leslie Flores, Wara Huanacuni y Leonardo Calamani no son la excepción. Los movimientos están compuestos por posiciones de kung fu que deben sostenerse por mucho tiempo. “Es agotador, pero te forma músculos y te da más resistencia. Ambos debemos estar en la postura mapú o del caballo. Mientras quien sujeta la cabeza está erguido, quien está detrás debe tener la espalda paralela al piso. Es muy exigente”, detalla Wara, quien en esta ocasión fue parte del dúo que da vida al león morado.

La cabeza de este traje —que “despertó” en Bolivia porque fue aquí donde se usó por primera vez— puede mover los ojos, la boca y las orejas de forma independiente a la del cuerpo, lo que en realidad adhiere dificultad a la interpretación. Leonardo Calamani fue el encargado de darle expresión y personalidad al león.

“Cuando el león está con la boca abierta significa que tiene hambre. En China se acostumbra colgar lechugas de hilos rojos para que sacie su apetito”, describe Fernando.

Leslie encarnó al Buda alegre —quien lleva una máscara pintada con una cara sonriente— que es el encargado de despertar, motivar y calmar al león. El objeto que lleva en la mano es una perla, un símbolo de elevación que seduce al león, quien como ser terrenal desea poseerla.

Estas manifestaciones tradicionales y artísticas son parte de los retos que asumen los practicantes de kung fu para mejorar su técnica. Tienen un grado muy alto de dificultad y, por lo tanto, requieren entrenamiento extra. Sin embargo, es un honor llevar el traje porque es un voto de confianza del maestro y además tiene un efecto energético sobre el bailarín.

“Uno de los sueños de un artista marcial es poder bailar estas danzas, porque hay que hacer méritos para lograrlo. Es una alegría y un buen augurio”, narra Leonardo, quien lleva 16 años como artista marcial, a lo que Leslie complementa: “El león nos complementa energéticamente porque cuando nos convertimos en él podemos agradecer por lo que hemos recibido”.

En septiembre se realizó el primer festival de esta danza, donde cuatro dúos compitieron representando a diferentes escuelas. Como es una práctica reciente en Bolivia, el nivel de los participantes aún es el de principiantes. Por esto, buscaron representar hazañas —los ganadores narraron la lucha entre el león y una serpiente— para mostrar su habilidad.

“Todavía nos falta mucho, hay competencias internacionales donde el escenario está lleno de columnas con diferentes alturas y los participantes hacen acrobacias sin perder el equilibrio”, cuenta Fernando.

Además de cumplir este año tres décadas de existencia, la escuela participó de un gran festival en China y logró varias medallas de oro, plata y bronce. Para los instructores no es solo su carrera —Leslie tiene 32 años y pasó 22 como artista marcial— sino una pasión que rige todos los aspectos de su vida.







Wednesday, November 7, 2018

Gratis Semana de cultura japonesa

La “Semana de la Cultura Japonesa 2018”, que se desarrolla desde hoy hasta el sábado 10 de noviembre, trae consigo a La Paz, Ciudad Maravillosa del Mundo, personajes típicos como los samuráis, guerreros y artes marciales.

La actividad es gratuita y se desarrollará en el salón principal de la Sociedad Japonesa de la calle Batallón Colorados, esquina Federico Zuazo.

Tradición y arte se vivirán en la Semana de la Cultura Japonesa



Las actividades se desarrollarán desde hoy hasta el sábado en el salón principal de la Sociedad Japonesa, ubicado en la calle Batallón Colorados esquina Federico Zuazo.

El evento, organizado por la Embajada del Japón en Bolivia y la Sociedad Japonesa, tiene el objetivo de difundir las expresiones, modos de vida, creencias y tradiciones de la milenaria nación oriental. Para ello se han programado charlas, exposiciones y demostraciones que se desarrollarán desde hoy (19:00) hasta el sábado (17:00).

Según se informó, la celebración se iniciará con la inauguración de una exposición de calendarios, la presentación del grupo Diclonius y una pasarela del grupo Rainbow Harajuku. Mañana, la descendiente japonesa Yuri Fukushima brindará una charla sobre su viaje a Japón y Bárbara Giavarini impartirá un taller de dorodango (práctica que consiste en transformar una bola de arcilla en una esfera perfecta). El viernes se realizará una demostración de artes marciales por escuelas locales de karate, kendo, laido y aikido.

La Semana de la Cultura concluirá este sábado con la ceremonia tradicional nipona Bon Odori, “un festival de danza tradicional japonesa durante la cual se da la bienvenida a los ancestros”. El ingreso a todas las actividades es libre.

Monday, October 15, 2018

La riqueza de la danza tradicional coreana

La danza de la corona de flores (Hwangwan-mu), la danza de las espadas (Gummu), el baile del tambor y la singular danza del abanico, fueron re-creadas en el cine teatro 6 de Agosto, durante el "Show de danza tradicional coreana" presentada por la Embajada de la República de Corea en el marco de celebración de su fiesta patria..

El espectáculo llegó a Bolivia de la mano de la Academia de Danza Coreana Jung Im Lee, que promueve la cultura de la nación asíatica en Los Ángeles, Estados Unidos.

Fueron dos días en los que el público paceño disfrutó gratuitamente del espectáculo.

La primera noche contó con la presencia del embajador Hak Jae Kim, también estuvo el nuncio apostólico Angelo Accatino y diplomáticos de diversos países, así como representantes de organismos internacionales.



Friday, October 5, 2018

Arte japonés presente en feria “Cultura en las Alturas”

La Embajada del Japón participa a la Primera feria de la integración “Cultura en las Alturas”, a partir de hoy hasta el 7 de octubre en el Campo ferial Chuquiago Marka (Bloque Rojo) para difundir la cultura japonesa (ver actividades del stand japón) y artes marciales Aikido e Iaido.

Entre las actividades se tendrán demostraciones de Aikido, iaido, el arte marcial del manejo de la katana o sable japonés, entre otros.

En la oportunidad se contará con Gyokuso Niina, cabeza mundial de los estilos de Mugai-ryu y Genko Nito-ryu, junto con dos maestros provenientes de la Fundación Mugairyu de Japón y representantes de las escuelas Kennankai y Shoyokai de Bolivia.